Faltan tres semanas para el Black Friday y el ruido ya ha empezado. Correos con cuenta atrás, porcentajes en rojo, precios tachados que nadie recuerda haber visto antes. Todo empuja a comprar ahora. Pero casi nada te dice si ese precio es realmente más bajo que el de hace un mes. Comprobarlo lleva dos minutos y no cuesta nada. De eso va este post: cuatro herramientas gratuitas, una forma sensata de pedir ayuda a la IA y una regla de 30 días que casi nadie aplica.
La regla de los 30 días que casi nadie aplica
Antes de las herramientas, el criterio. En España, cuando una tienda anuncia una rebaja, el precio anterior que aparece tachado tiene que ser el más bajo que haya tenido ese producto en los 30 días previos. Lo dice el artículo 20.1 de la Ley de Ordenación del Comercio Minorista. No vale el precio recomendado. No vale el de hace seis meses. Vale el mínimo del último mes.
La norma existe. Que se cumpla es otra historia. OCU analizó más de 15.000 productos durante el Black Friday de 2024 y solo el 30 % había bajado de precio de verdad; un 43 % estaba más caro que su mínimo de los meses anteriores. El Ministerio de Consumo llegó a sancionar a siete empresas por subir precios unos días antes para después «rebajarlos» hasta su precio de siempre.
Así que la pregunta útil no es cuánto descuento anuncian, sino cuál ha sido el precio más bajo en los últimos 30 días. Para responderla sirven estas cuatro herramientas.
Keepa: la gráfica que vive dentro de Amazon
Keepa se instala como extensión del navegador y, desde ese momento, cada ficha de amazon.es muestra debajo una gráfica con todo lo que ha costado ese producto. El precio de Amazon, el de otros vendedores, el de segunda mano. Meses. Años.
Al principio parece un electrocardiograma. Luego aprendes a leerlo y ya no puedes dejar de hacerlo. Ese pico justo antes de noviembre. Esa caída que vuelve cada primavera. Ese «-40 %» que, visto en la gráfica, resulta ser el precio que tenía en agosto.
Es gratis en su uso básico. Los datos avanzados son de pago, pero para comprar bien no hacen falta. Un detalle: comprueba que la gráfica corresponde a la variante exacta que vas a comprar, porque muchas ofertas solo afectan a un color o a una capacidad.
CamelCamelCamel: lo mismo, sin instalar nada
CamelCamelCamel hace lo mismo desde una web. Copias el enlace del producto de Amazon, lo pegas y aparece el historial con el precio más alto, el más bajo y el medio.
Es algo menos cómodo que Keepa, pero tiene dos ventajas. Funciona en cualquier ordenador o móvil, sin extensiones. Y permite crear alertas: le dices a qué precio estás dispuesto a comprar y te escribe cuando llega. Esa alerta, activada hoy, trabaja por ti hasta el 30 de noviembre.
Idealo: fuera de Amazon también hay vida
Amazon no es el único sitio donde comprar, aunque a veces lo parezca. Idealo compara el mismo producto en decenas de tiendas, muestra el precio final con envío y guarda el historial de precios.
Tiene una función llamada «precio ideal»: marcas lo que quieres pagar y te avisa por correo cuando algún comercio llega a esa cifra. Su aplicación móvil, además, escanea el código de barras en una tienda física y te dice cuánto cuesta el producto en internet. Resulta útil cuando estás delante de una estantería y el cartel grita «Oferta».
Chollometro: el olfato colectivo
Chollometro es una comunidad. Miles de personas publican ofertas, las votan y, sobre todo, las comentan. Ahí está su valor. Cuando un descuento es falso, alguien aparece en los comentarios con la gráfica en la mano a los pocos minutos.
No sustituye a las herramientas anteriores. Las completa con algo que ninguna tiene: gente que ya ha hecho la comprobación por ti.
La IA: buena ayudante, mala jueza
Este año la inteligencia artificial también entra en la cesta. Según YouGov, el 55 % de los compradores españoles piensa usarla durante el Black Friday y el Cyber Monday, frente al 33 % del año pasado. El mismo informe recoge que lo más difícil para el 41 % es saber si los descuentos son reales.
ChatGPT, Gemini o Claude con búsqueda web pueden ahorrarte la parte tediosa: buscar opciones, ordenar características, comparar garantías y plazos de devolución. Lo que no hacen bien es darte el precio de hoy con seguridad. Los precios cambian en cuestión de horas y un asistente puede citar una página de la semana pasada con total aplomo.
La forma sensata de usarla es pedirle criterio, fechas y fuentes. Algo así:
Quiero comprar [producto] en España durante el Black Friday. Presupuesto máximo: [X] €. Imprescindible: [requisitos]. Dame las 3 mejores opciones en una tabla con precio final con envío, tienda, garantía, política de devolución y enlace. Indica la fecha en que has consultado cada precio y qué dato no has podido verificar. Después, dime qué pega tiene cada opción.
Y después, el paso que no se puede saltar: abrir el enlace, comprobar el precio y mirar el historial en Keepa, CamelCamelCamel o Idealo. La IA te acerca a la decisión. El clic final es tuyo.
Los propios compradores parecen tenerlo claro: según los datos de YouGov que recoge Marketing Directo, solo el 6 % dejaría que la IA comprara por él sin consultarle antes.
Si vendes, mira el otro lado
Si tienes un negocio, este Black Friday hay un escaparate nuevo: lo que responde un chatbot cuando alguien pregunta por tu categoría. Haz la prueba. Abre ChatGPT y Gemini y pregunta lo que preguntaría tu cliente, sin nombrar tu marca: «dónde comprar [producto] en Madrid», «[producto] con envío rápido y devolución gratis». ¿Apareces? ¿Lo que dice de ti es correcto?
Si los precios, plazos y condiciones de tu web, de tus fichas en marketplaces y de tus preguntas frecuentes no coinciden, la IA repetirá el error. IA para todos ha publicado una guía paso a paso para hacer esta revisión en unos 45 minutos.
Y un recordatorio que también va contigo: la regla de los 30 días se aplica a tus precios tachados.
Comprar menos, comprar mejor
El Black Friday funciona con una idea muy sencilla: que decidas rápido. La cuenta atrás, las unidades limitadas, el porcentaje enorme. Todo está pensado para quitarte tiempo.
Estas herramientas te lo devuelven. Dos minutos mirando una gráfica bastan para que una oferta deje de ser urgente y vuelva a ser lo que es: un precio. A veces bueno. A veces el de siempre.
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Nos leemos pronto.







