Durante años aceptamos una especie de trato sin leer la letra pequeña: nos daban correo, mapas, documentos, almacenamiento e inteligencia artificial, y nosotros pagábamos con otra cosa, con nuestros datos. Proton propone romper ese acuerdo. Nació con un correo cifrado y hoy ha construido a su alrededor una pequeña ciudad digital con calendario, nube, documentos, VPN, gestor de contraseñas, videollamadas, cartera de Bitcoin y, desde 2025, una inteligencia artificial llamada Lumo. No promete saberlo todo; promete algo que empieza a resultar bastante más extraño: no querer saberlo todo sobre ti.
Todo empezó con un correo
Proton nació en 2014 alrededor de una idea relativamente sencilla: que enviar un correo electrónico no debería implicar que la empresa que aloja nuestra bandeja de entrada pudiera mirar dentro.
El proyecto fue impulsado por científicos que se conocieron en el CERN y arrancó mediante crowdfunding. Hoy los servicios los opera Proton AG, una empresa suiza cuyo accionista principal es la Proton Foundation, una organización sin ánimo de lucro creada precisamente para proteger la misión de la compañía a largo plazo. Proton afirma además no tener inversores de capital riesgo y financiar sus servicios principalmente mediante suscripciones.
Aquello que empezó llamándose ProtonMail ha terminado convirtiéndose en algo bastante más ambicioso.
En cierta forma, Proton está intentando hacer con nuestra vida digital lo mismo que hizo Apple con el hardware: construir un ecosistema. Solo que aquí el pegamento no es el diseño ni la exclusividad.
Es la privacidad.
Y el punto de entrada sigue siendo Proton Mail.
La diferencia fundamental frente a un correo convencional está en el cifrado. Los mensajes entre usuarios de Proton están cifrados de extremo a extremo. Los correos que recibes desde otros proveedores quedan almacenados mediante cifrado de acceso cero, de forma que Proton no posee la clave necesaria para leer el contenido almacenado. Para comunicarte de forma cifrada con alguien que no utiliza Proton puedes recurrir a mensajes protegidos mediante contraseña o a PGP; si no lo haces, el correo convencional sigue dependiendo de los protocolos habituales como TLS. Conviene hacer esa precisión porque privacidad no significa magia.
El email nació mucho antes de que alguien pensara que medio planeta iba a vivir dentro de él. Proton puede proteger enormemente el buzón, pero no puede reescribir por sí solo todos los protocolos de internet.
A cambio, el uso cotidiano resulta bastante normal. Aplicaciones móviles y de escritorio, filtros, carpetas, dominios propios, bloqueo de rastreadores de email y direcciones alternativas. Es importante que sea normal. La seguridad que obliga al usuario a convertirse en criptógrafo acaba casi siempre desactivada.
El calendario también cuenta cosas de nosotros
Después está Proton Calendar.
Puede parecer excesivo preocuparse por la privacidad de un calendario. Hasta que uno piensa en todo lo que contiene.
La cita con el médico. La entrevista de trabajo. El psicólogo. Una reunión con un posible inversor. El nombre de la empresa con la que negociamos. Una dirección. Una cena.
Una vida bastante completa distribuida en cuadrados de media hora.
Proton cifra de extremo a extremo la información sensible del evento —título, descripción, ubicación o participantes— aunque conserva algunos datos operativos necesarios para hacer funcionar alarmas y notificaciones, como las horas de inicio y finalización.
Puedes importar calendarios, compartir disponibilidad, invitar a personas y utilizarlo en web, iOS, Android y escritorio. No reinventa el calendario, impide que el calendario te reinvente como perfil publicitario.
Una nube que intenta no mirar lo que guardas
Con Proton Drive la ambición aumenta.
Es su respuesta a Google Drive, OneDrive, Dropbox y, cada vez más, Google Photos. Los archivos están protegidos con cifrado de extremo a extremo y se pueden sincronizar entre Windows, macOS, Android, iOS y la web. También permite hacer copias automáticas de fotografías, crear álbumes, compartir archivos y establecer contraseñas o caducidad para determinados enlaces.
Pero Drive ya no es solamente un disco duro remoto.
Dentro están Proton Docs y Proton Sheets.
Docs permite escribir y colaborar sobre documentos cifrados. Sheets traslada la misma idea a las hojas de cálculo, con fórmulas, gráficos y colaboración. Es decir: Proton está empezando a entrar directamente en el territorio de Google Workspace y Microsoft 365.
Y aquí aparece uno de los conflictos interesantes de todo el proyecto.
Durante años se asumió que para colaborar había que entregar información. Que un documento compartido funcionaba mejor precisamente porque estaba alojado en una enorme infraestructura capaz de examinarlo, indexarlo y conectarlo con otras cosas.
Proton intenta demostrar que colaboración y explotación de datos no tienen por qué ser sinónimos.
Todavía no tiene la profundidad funcional de Microsoft 365 o Google Workspace. Sería injusto decir lo contrario.
Pero ya no parece un experimento.
Proton VPN: esconder la carretera
Proton VPN es probablemente, junto al correo, el servicio más conocido de la compañía.
Una VPN crea un túnel cifrado entre tu dispositivo e internet. Los sitios dejan de ver directamente tu IP y tu proveedor de acceso tiene mucha menos visibilidad sobre tu navegación.
La versión gratuita de Proton tiene una particularidad importante: no establece límites de datos ni introduce publicidad. Incluye además política de cero registros, kill switch y tecnologías para intentar sortear determinados bloqueos de red.
Los planes superiores añaden funciones como Secure Core, que hace pasar el tráfico previamente por servidores reforzados propiedad de Proton en países como Suiza, Islandia o Suecia; NetShield, que bloquea malware, rastreadores y publicidad a nivel DNS; más ubicaciones, streaming y mejores prestaciones.
Una VPN tampoco te hace invisible. Si entras en Facebook con tu nombre, Facebook seguirá sabiendo que eres tú. Conviene recordarlo porque hay herramientas de privacidad que se venden como capas de invisibilidad cuando en realidad son cinturones de seguridad. Y un cinturón de seguridad sigue siendo bastante útil.
Proton Pass: no basta con recordar una contraseña
Luego está Proton Pass.
Guarda contraseñas, claves de acceso, tarjetas, notas y otros datos utilizando cifrado de extremo a extremo. Puede rellenar credenciales automáticamente y funciona en las principales plataformas y navegadores.
Pero su función más interesante quizá sean los alias de correo.
En lugar de entregar siempre tunombre@correo.com, puedes generar una dirección diferente para una tienda, otra para una newsletter y otra para una aplicación. Todas reenvían el correo a tu buzón real.
Si una empieza a recibir basura, la desactivas.
Si aparece filtrada, sabes de dónde salió.
Si alguien vende la dirección, tienes al sospechoso.
La tecnología procede en buena medida de SimpleLogin, servicio que se unió a Proton en 2022 y que hoy está integrado profundamente en Proton Pass.
A esto se suma Proton Authenticator, una aplicación independiente y gratuita para generar códigos de autenticación de dos factores. Funciona incluso sin tener cuenta de Proton, está disponible en escritorio y móvil, permite exportar los códigos y puede sincronizarlos con cifrado de extremo a extremo.
No es una función espectacular.
Es mejor: es una de esas cosas aburridas que el día que alguien roba tu contraseña dejan de resultar aburridas.
Videollamadas que no quieren entrenarse contigo
En 2026 ha llegado también Proton Meet.
La idea es trasladar el mismo principio a Zoom, Teams o Google Meet: audio, vídeo y chat protegidos mediante cifrado de extremo a extremo. Puedes generar un enlace e invitar a otras personas aunque no tengan cuenta de Proton. Existe una versión gratuita con reuniones de hasta 60 minutos y 50 participantes.
Es un producto todavía joven, y eso se nota al compararlo con ecosistemas que llevan muchos años acumulando integraciones. Pero también revela hacia dónde va Proton. Ya no quiere proteger solo tus mensajes, quiere proteger el lugar donde trabajas.
Y hasta una cartera de Bitcoin
El elemento más peculiar probablemente sea Proton Wallet.
No es un exchange ni una aplicación para especular con veinte criptomonedas. Es una cartera de autocustodia centrada en Bitcoin.
Eso significa que las claves permanecen bajo el control del usuario. Proton utiliza cifrado de extremo a extremo para proteger tanto claves privadas como determinados metadatos de la cartera, pero no puede disponer de tus bitcoins.
Lumo: la IA que intenta no recordarte demasiado
Y llegamos a la pieza que probablemente hace más interesante a Proton ahora mismo.
Lumo.
Proton lanzó su asistente de inteligencia artificial en julio de 2025 con una promesa muy concreta: ofrecer una experiencia parecida a ChatGPT, Claude o Gemini sin convertir las conversaciones del usuario en materia prima para la empresa.
La arquitectura es diferente. Lumo utiliza modelos abiertos que se ejecutan en servidores controlados por Proton en Europa. La compañía afirma que no utiliza las conversaciones para entrenar sus modelos, no mantiene registros de los chats en sus servidores y no comparte los datos con terceros. Cuando guardas conversaciones estando identificado, el historial utiliza cifrado de acceso cero.
Eso cambia algo importante.
Hasta ahora utilizábamos la IA como si estuviéramos hablando solos.
Pero no estamos hablando solos.
Le contamos contratos. Estrategias empresariales. Problemas laborales. Información de clientes. Fragmentos de código. Resultados médicos. Ideas que todavía no hemos enseñado a nadie.
La IA se está convirtiendo en el lugar donde mucha gente piensa en voz alta.
Y un lugar así contiene bastante más información sobre nosotros que nuestra bandeja de correo.
Lumo 2.0 ya juega en otra liga
En junio de 2026 Proton lanzó Lumo 2.0, y ahí el producto dejó de parecer solamente “un chatbot privado”.
Ahora cuenta con modos rápidos y de razonamiento para problemas complejos, puede analizar imágenes, generar y editar imágenes, transformar bocetos, buscar información actualizada en la web mostrando fuentes y trabajar con conversaciones y documentos más largos.
También incorpora Memory, aunque con una diferencia importante en el planteamiento: el usuario decide qué puede recordar y qué debe olvidar. Los Projects permiten reunir conversaciones, archivos e instrucciones en espacios cifrados persistentes y los Custom Lumos sirven para crear asistentes especializados con instrucciones propias.
En agosto Proton añadió además la posibilidad de convertir hojas de cálculo, informes y documentos en gráficos y visualizaciones de datos dentro del propio chat.
Es decir, puedes subir un informe confidencial, analizarlo, pedir conclusiones y construir una gráfica sin que —según la arquitectura publicada por Proton— ese documento termine alimentando el entrenamiento de un modelo externo.
Ese es probablemente el caso de uso más convincente de Lumo.
No preguntarle quién ganó una Champions.
Sino darle cosas que no pondrías alegremente en cualquier IA.
Pero privacidad no significa inteligencia superior
Aquí conviene no confundir dos debates.
Que Lumo sea más privado no significa que sea automáticamente mejor que ChatGPT, Claude o Gemini.
Son preguntas distintas.
Un modelo puede respetar mucho tu intimidad y responder peor.
Puede alucinar.
Puede quedarse corto.
Puede disponer de menos integraciones.
La propia documentación de Proton advierte de que Lumo puede generar respuestas incorrectas y recomienda verificar la información importante.
A día de hoy, las grandes plataformas siguen teniendo ventajas en determinadas capacidades, ecosistemas e integraciones.
La propuesta de Lumo es otra:
quizá no toda conversación con una IA tenga que convertirse en un activo para quien proporciona la IA.
Y eso sí es una idea interesante.
Una suscripción contra el ecosistema
Puedes utilizar muchos de estos productos gratuitamente.
Pero el movimiento más claro de Proton está en Proton Unlimited. Actualmente cuesta 12,99 € si se paga mensualmente o 119,88 € al año —9,99 € al mes— e incluye las versiones premium de Mail, Calendar, Drive, VPN, Pass y Wallet, con 500 GB de almacenamiento. Lumo aparece dentro del ecosistema, pero Unlimited incluye actualmente Lumo Free, no Lumo Plus, que mantiene su propia modalidad premium.
Ese detalle importa.
Porque Proton empieza a parecer una alternativa razonable para quien quiere reducir su dependencia de varias grandes tecnológicas, pero todavía no existe un único pago que desbloquee absolutamente todo.
Alrededor del ecosistema están además SimpleLogin, dedicado a alias de correo, y Standard Notes, aplicación de notas cifradas que se unió a Proton en 2024 y continúa funcionando como producto independiente.
Cuánto vale que te dejen en paz
Google, Microsoft o ChatGPT funcionan muy bien. Proton no siempre los supera en funciones, integraciones o comodidad. Su ventaja aparece cuando introduces otra pregunta en la ecuación: qué ocurre con tus datos después de pulsar Enter.
Hoy guardamos contratos, fotos, contraseñas y conversaciones con una IA en servicios ajenos. La privacidad ya no es un detalle técnico: forma parte de la infraestructura de nuestra vida digital.
Proton quizá no sustituya a todos los grandes ecosistemas. Tampoco hace falta. A veces el verdadero valor está simplemente en tener una alternativa que no necesite saberlo todo sobre ti.
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